Aquella noche dijiste muy tranquila:

“Salgamos, nunca he visto un tanque en marcha”

llegamos a la Carlota y sonaban disparos.

Nos devolvimos. Yo no la estaba pasando bien.

Tenías tres polares en la guantera,

estaban heladas.

Sentía mis ojos más grandes,más alerta.

Me advertiste:

“Creo mi papá está metido en este peo

hace una semana que no viene a la casa.”

Yo te veía tan inteligente, tan sola.

Estabas obsesionada con Nirvana, era tu espejo.

Yo lo odiaba, tenía celos.

Yo siempre tirando a la evasión

prefería “Holiday” de Madonna.

Te devolviste a 120 por la Fajardo.

Qué noche tan rara.

Circulaban pocos carros y parecían fantasmas.

Quizá era yo la que se sentía un poco fantasma

pero tu llevabas la ventana baja,

el pelo suelto y cantabas.

Hasta que en una alcabala nos pararon,

yo casi me oriné del miedo.

Yo siempre nerviosa, tú siempre impávida,

ni siquiera bajaste el volumen.

El guardia nacional, que tenía también 20 años

dijo con cara pálida, aún más asustado:

“Muchachas, váyanse derechito para su casa

que esta noche está bien fea.”

Tu respondiste:

“La noche es bellísima, los feos somos nosotros, la gente.”

El guardia te sonrió con tristeza.

Después no hablaste, no cantaste, nada…

y nos devolvimos.

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