Han pasado 18 carnavales
desde aquel carnaval espantoso
en el que yendo a un banco en el centro de Caracas
un grupo de chicos del liceo Fermín Toro
me golpearon y me bañaron de huevo.
respondí y fue peor,
me dieron unas buenas patadas
entre risas y chistes que no pude entender.
Me rescató una mujer embarazada
y un taxista no me cobró el viaje con el que escapé de la escena.
Bien golpeada, llegué bañada en huevo y orina a casa de mi abuela,
que cuando me vio pegó un gritico de horror y me dio un lexótanil.
Vi dónde guardó la caja y me la robé.
Pasé resto del carnaval drogada, durmiendo,
escuchando Sumo,
tirada en la cama con mi novia.
Me encantaba la canción que decía heroína,
(aunque jamás me hubiese inyectado heroína)
La gente seria solo toma cosas con récipe.
De vez en cuando miraba el techo
y soñaba con comprar una granada,
porque durante un tiempo
mi sueño fue lanzarle una granada
al patio del liceo Fermín Toro.
Menos mal que no lo hice.

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