Un día me regalaron un teléfono móvil,

las compañías suelen obsequiarlo,

rápidamente te enganchas a sus aplicaciones,

porque casi todas aplican sobre ti,

sí, sobre ti,

que te crees rebelde,

que te crees independiente,

tú también tienes tu aplicación favorita

y no la puedes soltar nunca mas

y así por un puto teléfono quedas enganchado al mundo

o a algo que se parece al mundo,

a algo que quizá, ahora, es tu mundo,

comunicando constantemente lo que eres,

pensando que eres más porque comunicas más,

cuando en realidad

eres solo un yonqui con un teléfono.

Nada es gratis en esta vida,

algunas corporaciones quieren tu alma

y  tú,

 que no sabes qué hacer con ella,

se la das.

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