Ari se desnuda con desgana

y se lo almuerza a besos,

besos lentos, gruesos

– drogas blandas  –

Ari dice:

“ No me cuentes tu vida, no me interesa, bésame”

Él se queda enganchado con los ojos clavados en sus manos.

Ella es una crucifixión.

Ari seguirá desvistiéndose con pereza,

estirando sus brazos y sus piernas ritualmente.

Sus leggins atigrados se estiran como una golosina

sobre esa manta verde.

Otras chicas fueron para él hambre de una tarde después de nadar.

Ari no, Ari es un pozo subterráneo,

una inmersión a oscuras,

una medicina que no deberías tomar

porque te hace vivir mejor y te consume al mismo tiempo.

Ari se incrusta en un golpe vacío en todo su organismo.

Ella es como esos padres que un día se van y no vuelven más…

y sus hijos los buscan eternamente sin saberlo.

Ari siempre está un poco ausente.

Él es un niño perdido que pretende ser toro o caballo y llora a oscuras.

Y llora lo oscuro.

Ella abraza siempre su cabeza después de follar.

La imagen resulta casi religiosa.

Esta religión se llama:

Sin futuro.

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