Soy lo peor.

Siempre apuesto a perdedor.

Soy la que empata las tazas con pega loca.

Soy a la que se le escapan los iconos ridículos en medio de una conversación importante.

Soy de las que nada burda y muere en la orilla.

Soy la que llora cuando no ocurre nada conmovedor

y se queda petrificada cuando debería reaccionar.

Así soy yo.

La de las botas en la playa.

A la que se le derrama el agua mineral dentro de la cartera.

Si. La que se agacha para vaciar el bolso en medio de la calle. Soy yo.

La que se tomó el ron sola y le recitó un poema estúpido a la almohada.

La que pensó que la pintura era un búnker a prueba de todo.

La que puso el mantel al revés con la misma ilusión con que lo hubiese puesto al derecho.

La que entretiene y se siente sola.

Esa que habla con voz gruesa y le entra la risa loca en los entierros.

La que le gusta el regueton.

La que acepta tu desprecio o tus besos y continúa el viaje.

La zurda, la despeinada, la desfasada, la enamoradiza.

La que no encaja.

Soy yo.

Asumo mi barranco.

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