Lunes 8 am,

Lorena ya me ha dicho puta tres veces

mientras intento sacarle el pijama,

se ríe a carcajadas y me insulta no sé por qué.

Paso al cuarto de Vilma

que ha cogido unas bragas llenas de mierda

 y las ha restregado en la pared.

Uso guantes y lavo con fuerza

la pared desteñida

y la mierda deslizándose hacia el suelo

es bastante pictórica,

se me va la cabeza,

 recuerdo a Piero Manzoni

y su mierda de artista.

Desayuno con todos en la mesa,

cereal y leche tibia.

Huele a desinfectante.

Joan escupe sistemáticamente en un vaso

hasta desbordarlo.

Se lo quito, lo vació, lo lavo

y lo lleno de zumo de naranja.

Hay gritos de euforia.

Son niños.

Joan me abraza,

 está contento porque le hice un sándwich de queso tostado

y esta noche hay juego Barca-Madrid.

La otra monitora anuncia que ya es casi la hora,

el autocar pasa a las 9.00 en punto.

La otra monitora no me gusta,

 es severa como una celadora,

parece un soldado que nunca cuestiona

las ordenes a las que está subordinado.

Nina se ha hecho pis camino a la escalera,

paso la mopa y la cambio tan rápido como puedo.

Todos nos esperan con sus mochilas.

Nina llora desconsolada,

la consuelo: “Vamos Nina tranquila, no pasa nada”.

Pasa el autocar.

Me quedo preocupada pensando que hace frío

y no les puse nada abrigado.

No son mis hijos,

pero qué importa

si en este punto exacto

de nuestro viaje

compartimos

el mismo itinerario.

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