Tristán no abre la puerta,

la puerta siempre está abierta,

así que tú entras

a su casa /nido /desastre/concha/taller

 y te sumerges en más de mil

collages/ notas/dibujos/ pinturas/poemas.

Todo está hecho y escrito con mucha delicadeza

y tirado en el piso como si nada.

Toda una obra fabulosa

pero desconocida para el mundo

tirada en el piso.

“Es que nada vale nada.” – dice Tristán tranquilamente.

“…ningún Picasso vale 100 millones de dolares,

es pura especulación de mercado,

ese valor no tiene nada que ver con arte,

a mi solo me preocupa el arte…y la muerte.”

 Tristán odia el mundo (me lo dijo él mismo),

nunca ha expuesto y nunca va a exponer (también me lo dijo),

no regala sus dibujos, ni los vende (de eso me he dado cuenta yo).

¿Cómo alguien que odia el mundo puede ser tan prolífero?

 Se lo medio pregunté y no respondió.

 Tristán no da explicaciones,

solo dibuja y escribe.

¡Tiene más de 300 cuadernos en su casa del Carmel!

“Un día lo voy a quemar todo.” – me dijo

Bueno, si es lo que quieres hacer… – respondí.

Tristán me inspira aceptación sobre todas las cosas.

Siempre lleva un pañuelo rosa en la cabeza

en el que él mismo ha bordado esta frase:

“Nunca podrás robar mi mente,

 mi mente es mía.”

Ayer me enteré que incendió su casa

y casi mata al vecino de arriba con el humo,

 ahora está en búsqueda y captura…

…y yo de insensible solo pensé

en todos sus dibujos y sus poemas chamuscados

y hasta lloré.

 

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