¡Lucha!

Dices “lucha” como si bautizaras la palabra,

como si fuese la primera cruzada,

como si no existiera la decepción,

la incomprensión o el aburrimiento.

Dices ¡Lucha!

como si fueses portador de la verdad,

como otros son portadores de un carnet,

como si solo el ruido de una marcha

de un conflicto, de una agonía,

te animara a vivir,

 te animara a crear,

te animara a creer

que hay un futuro.

¡Lucha!

Dices “lucha” y señalas hogueras encendidas

y hombres poderosos bailando sobre tumbas

y cuerpos de muertos apilados

en el museo de la destrucción

y un documental sobre el apocalipsis,

y tú:

¡lucha!¡ lucha! ¡lucha!¡ lucha!

¡Llego la hora!

¡Por la humanidad!¡ lucha!

Como si mis ojos fueran perdigones,

mi boca altavoz,

mi corazón tanque

y mi historia personal

la ley.

Señalas una bandera

y aplaudes un discurso:

te hinchas de aire, moral y rabia

y me explicas con tono condescendiente

que la “Justicia es de los hombres”

Y te pregunto

¿En tu casa habita la justicia?

(Silencio)

No quieres hablar de eso.

Quieres hablar del MUNDO

pero no de tu casa.

En casa es distinto,

en casa no se lucha,

en casa hay afectos, hay amigos, hay compadres

en casa no hay hipócritas, ni tramposos,

 ni ambiciosos diplomáticos,

ni mentiras, ni valles de lágrimas,

ni frustraciones ahogadas en alcohol,

ni pastillas, ni maltrato, ni herencia,

ni rivalidades, ni guerra, ni egoísmos,

ni secretos podridos debajo de la cama.

En casa dices:

 “somos honestos”,

en casa somos ciegos,

en casa dormimos,

en casa cenamos,

en casa pagamos bien a los esclavos,

¡En la casa no se lucha!

jajajajajaajajajaaj

jajajajajajajajajjaaj

Me da risa tu batalla,

me dolor de cabeza tu batalla

y toda tu épica fantástica

en la cual siempre somos

héroes o victimas

pero jamás victimarios.

No, gracias.

Hoy no quiero formar parte

de ningún ejército.

Hoy solo quiero

perderme y evadir.

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