Las latas de cerveza

se acumulan en la plaza,

Bubú las recoge

y las cambia por monedas,

para comprar otras latas,

esta vez llenas.

La noche es tibia en el descampado,

cerca de la estación de trenes desmantelada,

allí huele a leña

y a perro mojado.

En una cubeta de plástico rosada

hay agua y platos sucios.

Así vive Bubú desde hace un año,

cuelga su ropa en restos mecánicos,

un troli de mercado

lleno de hierro viejo

representa el futuro.

“Algo ha fallado” es el nombre de su perro,

que aburrido y desempleado

duerme durante casi todo el día.

Los trenes pasan angustiados por otras vías,

pero por estos rieles

solo pasa el chirrido

de vigas oxidadas que se quiebran.

La noche es tranquila en la estación muerta.

Bubú prepara una sopa en una lata de galletas,

Bubú fuma tabaco de liar,

Bubú mira las estrellas.

 “Algo ha fallado”  bebe el resto de la sopa,

su larga lengua rosa arrastra los fideos

 hasta su paladar.

Bubú cae dormido en un sofá medio podrido,

 y sueña con sus hijos:

sueña que son soldados,

los ve mutilados boca abajo,

en un pequeño charco

de visceras y de sangre.

Bubú despierta muy tenso entre sollozos,

y recuerda

que nunca tuvo hijos,

y  siente alivio de ser estéril,

y siente alivio de estar solo

durmiendo entre chatarra.

 

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