Un acto solo puede ser heroico si es realizado en el anonimato.

La gente que necesita héroes no ha jugado lo suficiente con muñecos.

A los niños no le gustan los héroes, los adultos se los han metido por los ojos para sembrar en ellos un apego irracional por la autoridad.

Todas las estatuas representan una ficción.

El joven James Folder se creyó héroe y se alistó en el ejército. Una tarde de junio de 1965 mientras tripulaba su B-52 Stratofortress dejó caer 24 bombas, de 340 kilos cada una, sobre una aldea rural  en Vietnam del sur, después sintió unas ganas enormes de morir. Así que en una pequeña maniobra estrelló su aparato contra la aeronave vecina. El suceso, en el que murieron los ocho tripulantes de las dos naves, fue descrito como: “Una fatídica pérdida de control de un joven piloto inexperto”. Posteriormente se colocó una placa dorada en la Base Aérea de Buckley, Colorado: “Nunca olvidaremos a los jóvenes aviadores que sacrificaron su vida por nuestra libertad”. Nancy, la sobrina de Folder, que nació dos años después del suceso y hoy tiene 45 años, coloca bajo la  placa ocho rosas blancas cada 18 de junio para recordar a su tío: ”James, el héroe”.

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