Vendrá la muerte

y tendrá un uniforme anti-disturbios

te extirpará el aliento

 y pondrá en su lugar

ovillos de poliéster,

rebajas,

descuentos del setenta por ciento,

ketamina,

dormidina

y cremas con olor a falsa lavanda.

Marcharás asustado,

ansioso,

por los bulevares donde solías pasear,

donde solías comprar flores

y pan de verdad.

Lloviznarán pelotas de goma

sobre la mesa

donde comen tus hijos,

cereal transgénico,

cenarán balas de goma.

Desayunarán antidepresivos,

productos para perder peso,

para ser bellos:

porque serán amados solo si son bellos.

Se internarán en discotecas colosales

para crecer en un lugar seguro,

entretenido.

Un Dj presumido

les enseñará un camino

sembrado de insomnio

y cañones de espuma.

Correrán al lado de toros angustiados,

jugarán con el ahogo,

desearán – como mínimo- tener

una contusión cráneo encefálica,

un pequeño colapso.

Desearan creer que dominan a la bestia.

Desearan creer que no temen a la muerte:

A su uniforme negro,

a su falta de rostro,

a su cercanía en la plaza,

donde todos los sábados,

solías comprar flores

y pan de verdad.

Vendrá la muerte

y tendrá

un uniforme anti -disturbios.

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