No represento nada antiguo,

ni nada nuevo.

Soy la voz humana

que me ha sido entregada

en un misterio físico.

Soy la presencia compleja

de un ente

en desarrollo y decadencia.

Sé que no puedo

aferrarme eternamente a nada.

Soy menos que un árbol,

soy menos que el mar…

y aún así soy suficiente

para ser amada

 y para amar,

y aun así soy tan poco…

para ser rechazada

y rechazar.

No me cotizo en ningún círculo.

Soy más que un triunfo,

 más que un fracaso,

soy la presencia ambigua

de una mujer

que tomó el territorio

de su propia niñez

por asalto.

Vivo entre juegos

cada vez más absurdos y

 más valiosos

y es la cuantía de esa ilusión:

lo único que represento.

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