Durante mi visita a la Habana, tuve la suerte de poder visitar verdaderos espacios  “underground” de artistas, la mayoría de ellos, gestionados en sus propias casas. Tal es el caso de Sandra Ceballos y su Museo de Arte Maníaco. Un espacio cargado de verdadera necesidad creativa, dónde la artista incorpora con ansiedad canibal los discursos patrióticos para luego vomitarlos (como se debe hacer!) en pinturas e instalaciones duras y honestas. El hecho de estar dentro de la casa de la artista, me hizo pensar de alguna manera también estar dentro de su estomago, de sus emociones mas intimas. No sé de critica de arte, pero esta casa-altar-caníbal-rebelde-perros ladrando me gustó. Había algo de verdad en todo esto, son verdades que no se respiran en los museos…

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