“Narco come narco”

Ese fue el comentario de David

cuando repasamos las noticias.

Su papá (alias “El animal”)

lo metió en el negocio,

y su tío (alias “El rey de los cielos”)

metió a su papá en el negocio.

Su tío denunció a su papá:

Los sicarios mataron a su papá.

 David, mi amiguito de la infancia,

“El huérfano maldito”

(Como lo llaman en los bajos fondos

que ya no son bajos sino altos)

se convirtió poco a poco

en un tipo malo.

Yo no digo que es un tipo malo,

– aunque lo diría –

pero en este caso lo dijo él mismo:

“Soy malo Blanca,

nací con una mesa reservada en el infierno,

jodí a seis familias

para comprarme la Hummer H2.”

“Cambia tu historia! tu puedes!”  le respondí.

(Soné superficial)

Me vio como se mira a una estúpida

y recitó:

“He cometido el peor de los pecados

que un hombre puede cometer.

No he sido feliz.

Que los glaciares del olvido me arrastren

y me pierdan, despiadados.”[1]

A David y a mí,

siempre nos unió la poesía,

la irreverencia y la tragedia.

Esa fue la última vez que lo vi,

era un hombre joven, bien vestido,

solitario y desconfiado.

Me enteré que un sicario le disparó a su Hummer

desde una moto en marcha

en la autopista del este.

Perdió el control

y cayó al río Guaire.

Murió ahogado.

“Narco come narco”

 Hoy esas palabras resuenan más

que el poema de Borges.


[1]  Borges

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