Pierdo control sobre mis bajas pasiones,

dragan en mi cuerpo un sistema de riego acido.

Germinan en la boca de mi estomago sórdidas magnolias.

Polinizan sus pistilos inquietantes fantasías

de mazmorras mentales

y flotantes voces.

El polen perturbado se aloja en lo más frágil,

el estigma papiloso lo recibe,

fecundando el pensamiento

que tanto me ha costado reprimir.

Ese,

que ahora atraviesa el tejido del estilo,

para ahogarme en sudores fríos.

Brota el germen del desasosiego,

la raíz de la incertidumbre.

Pierdo el control

y me asfixio en pánico absoluto:

un ciempiés recorre los pétalos de mi delirio,

hormiguea en mi piel:

siento espasmos y temblores.

Es la primavera del miedo lo que me ocurre por dentro.

Te digo al oído: “Vámonos a la casa, no puedo respirar”,

pero tú no entiendes,

tú eres sana,

no puedes ver los gusanos en mis ojos…

y  respondes:

“Una cerveza mas y nos vamos”.

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