Hombre triste

he visto tus brazos vencidos

y he sentido amor a través de tu aflicción,

he sentido un temblor en los dedos.

Mi pequeño Nijinsky vuelve a bailar

en las pequeñas bóvedas de mis ojos.

La perplejidad de tu carne

es la perplejidad de todos nosotros

sujetos

de una piel que ya no significa,

que envuelve todo lo que no somos,

ni seremos nunca.

Es nuestra piel anestesiada

 la que ha sentido amor,

por ti,

hoy,

Nijinsky.

Tu eres nuestro estremecimiento.

Tu eres nuestra desesperación.

¡Vuelve a danzar,

hombre afligido

niño grande!

A través de ti

no seré nunca

un cuerpo muerto.

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