La llamaron “Alma”

como para hacerla prematuramente

blanda y piadosa .

Porque Alma viene de una familia afligida

y la madre de Alma estaba convencida

de que parir un hijo

le iba a dar, finalmente,

sentido a su vida.

No fue así.

Su madre siguió estando aburrida

y se quejaba de que Alma

 le robaba tiempo de su “espacio vital”.

Alma lactó ese tedio

y se sentía culpable

por la ausencia de vitalidad materna.

Un día se marchó a Brasil,

se enamoró de Gabriel,

el supremo guía de la secta:

“União do Vegetal”

y allí vivió, feliz y contenta,

durante 5 años.

Pero en uno de sus viajes de Psychotria viridis 

se le apareció un mono tití con tres cabezas

y una de las cabecitas dijo:

 “Eres grande Alma

vete de aquí

 crea tu propio camino:

¡arranca!”

Entonces Alma se separó

y fundó una cofradía en Uruguay llamada:

 “Testigos del vacío de Alma”

allí, en Tacuarembó,

consiguió tener 758 fieles.

Alma oficia la misa,

 se revuelca en el suelo en trance,

escupe aljófares,

toca la mandolina sagrada

y multiplica los dólares.

Tiene dos negocios:

Una venta de velones y ungüentos

y un programa en la TV local

de “sanación cuántica mental ”.

Viniendo de donde viene,

nadie se hubiese podido imaginar

semejante  desenlace en la vida de Alma.

Pero como ella misma dice:

“Los nombres traen su carga energética”

En este caso…

parece ser

 cierto.

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