Malvín entiende el valor de las cosas,

por eso no se puede considerar

 un chatarrero,

es más bien

 un coleccionista.

Nos conocimos en el contenedor

de la Plaza de la Revolución de Gracia.

Alguien había tirado una serie increíble

de novela negra directamente al contenedor:

“Sangran las piedras, Hipotermia, La costa maldita…”

Eran libros nuevos.

“¡Nada cuesta donarlos a la biblioteca Joder!”

Farfulló Malvín con dolor

entre unos pocos

dientes verdes.

Los dos estábamos asomados

viendo el contenedor:

Era profundo y sucio.

No me atreví a sacar nada.

Me asomé como quien se asoma

 a mirar un accidente.

“Es una tragedia” dije,

 Malvín volteó y  nos vimos con impotencia.

Seis naranjas podridas impregnaban los libros.

Fue el primer contacto visual que tuvimos

Me dijo: “Me llamo Malvín”

Respondí: “Me llamo Blanca”

Desde entonces nos saludamos

y  hablamos sobre basura,

basura interesante.

Anuncios