Poppy combatió en la guerra de Afganistán,

de allí volvió con una pierna

menos.

Yo la ayudaba a ducharse y a vestirse,

pues ella todavía tenía dificultad

para mantener el equilibrio.

Era una chica muy maja

a pesar de su tragedia.

Los jueves en la tarde la ayudaba

a preparar su habitación

antes de que viniese su novio a visitarla.

Ella lo esperaba en la cama,

adornada con largos collares de cuentas brillantes,

leyendo fanzines

y tomando té rojo.

Yo limpiaba su casa por 12 $ la hora,

le dejaba hecho algo de cena

(le encantaba mi tortilla de patata),

colocaba incienso y flores

y antes de irme

conversábamos un poco.

Nunca hablamos de la guerra.

Solo me contó que se llamaba Amapola

pero que en el ejército la llamaban Poppy.

Las dos teníamos una fascinación

por su “transtibial” prótesis: “The C leg”.

 “The C Leg” era el artefacto más moderno

 con el cual yo había tenido contacto.

Trabajé 14 meses para Poppy Richardson

y me fui cuando pudo caminar cómodamente.

Me despedí diciendo:

“Adios… Ave Fenix”

Ella me respondió:

 “Blanca, me alisté en el ejercito porque era joven

y me gustaba jugar con fuego,

pero no creas,  no soy un ave fénix,

mi corazón está lleno de cenizas,

 mías y de otros a los que  también hice daño”

Su cara era una cara dura, desconocida.

No había nada que yo pudiese decir,

 me sentí muy triste.

Aquella tarde hace 7 años,

fue la primera vez

que realmente entendí

 lo que significa la guerra.

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