Estación Catalunya,

invierno,

12:48 am.

El doble de David Beckham

está al borde de las vías.

Un grupo de chicas lo observan.

Beckham II camina

sobre la línea amarilla.

Muy al borde.

23 segundos.

Tren.

No se suicida.

Entramos al vagón

Lo tengo cerca:

Tatuajes azules,

olor a cebada,

a tabaco

y a cartón húmedo.

Ropa sucia.

Uñas negras.

Las chicas sienten anti –deseo

Beckham II habla solo.

Se orina un poco el blue jean.

Bajo la mirada.

Escucho risas infantiles.

Son las chicas que aclaran:

 “Este no es Beckham

 ‘The original’ ”

Claro que no.

No tiene tiro, ni potencia.

Solo la maldición

de ser él

y su opuesto

al mismo tiempo.

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