Van rodando calle abajo,

van fumando,

van riéndose,

y  la Diagonal se tuerce

porque le rascan con las ruedas de la patineta

el lomo de asfalto.

Los tres amigos

se detienen en una esquina cerca del museo,

 se descubren el pecho lampiño

 y otros tres adolescentes

(dos chicas y un chico)

adornados con pulseras y bufandas

les sonríen con las bocas

mas cachondas de toda Barcelona.

“Lip art” exclama Gabriela,

ella seguramente vivirá hasta los 100 años,

porque vive enamorada de los chicos,

de las chicas,

del parque

y de la ciudad.

Muerden sus bocadillos con hambre de crías de león

 e intercambian canciones que parecen lamentos

o  gritos iracundos…

No todo es alegría en sus vidas.

Pero a los 15 años es necesario ocuparse

de otros asuntos mas alegres,

mas placenteros.

Descubrirlo todo o casi todo ocupa mucho tiempo.

Barcelona huele a croissant, a café con leche

y a porros tiernos,

recién traídos del desierto.

“Smell like a teen spirit” dice Joan burlonamente.

Él tiene esa mirada compasiva

heredada de su abuela

fusilada durante la Guerra Civil

por alimentar con tazas de escudella

  a los rebeldes.

A Sol le cuesta quedarse en casa,

aún en invierno puede rodar por la playa,

alejarse de las hostilidades,

desde Poble Nou hasta Arco del Triunfo,

y discutir sobre la vida

sin dejar de amarla.

Hoy es el recuerdo del mañana,

es un recuerdo feliz.

Ellos todavía no lo saben.

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