Una de mis mejores amigas tiene 96 años.

Está en sus plenas facultades mentales,

habla tres idiomas y es una adelantada a los tiempos que corren.

Lleva 72 años siendo vegetariana

y  fue la primera mujer en el mundo en practicar “balconing.”

(Que es la acción de saltar de un balcón a otro

cuando se te quedan las llaves en casa)

En el año 2003 cayó de un segundo piso, se partió la clavícula

y salió una foto suya en El Periódico de Cataluña.

Pagó 300 euros de multa y sus nietos la mudaron a una planta baja.

 Entonces sus niveles de adrenalina menguaron

 y decidió dedicarse a la protesta violenta y a la poesía.

Se ha hecho una experta en fabricación de explosivos

y ha inventado un artefacto tóxico a basé de crema de leche vencida,

supositorios, fertilizantes y mecheros gastados.

Su casa es una agradable guarida de poetas,

pintores, músicos y anarquistas de todo tipo.

No tiene gatos ni perros,

 el sitio es impecable, lleno de flores.

A mi me invita a recitar todos los días 13

a una peña que hay en su casa llamada

“ Los yayarquistas ”

Allí tocan bandas punk y se hacen performances.

Una psicóloga amiga me dijo que:

“La Yaya vive en un estado maniaco de permanente negación”

Pero yo creo que la vejez es como las muelas del juicio:

Alguna gente que la trae incorporada y otras que no.

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