Alejandro es cohibido,

tiene 40 años y se hace cargo de su abuela.

Ve mucho material pornográfico

y suda frio,

suda frio.

Alejandro tiene el coche limpio,

 un reloj de hombre en su muñeca,

 pelos en los dedos

y  las uñas comidas por la ansiedad.

La novia de Alejandro se llama Carolina.

Carolina tiene los ojos azules.

A su abuela le gusta esta chica

porque es rubia, sonríe y obedece.

Carolina no ve material pornográfico

pero se lo imagina perfectamente.

Son imágenes masoquistas

 que ella prefiere sacudir de su mente

haciendo un gesto con la cabeza,

que se ha ido convirtiendo

en un leve tic nervioso.

Carolina y Alejandro van al cine

a ver comedias románticas,

y se ríen mucho,

con una risa tonta y sin pasión.

Carolina no le ha contado a Alejandro

que en las mañanas después de cepillarse los dientes

se ahorca a sí misma,

y  sueña con su propia muerte.

No hay espacio ni tiempo para confesiones.

Ambos trabajan duro y eficazmente.

Pero no importa

porque Alejandro también guarda un secreto:

Tiene una colección de fotos de Justin Bieber,

 y esta locamente enamorado de él.

Le ha enviado 23 cartas

sin recibir respuesta alguna.

Carolina y Alejandro votaron por el Partido Popular.

La gente que los conoce diría

 que son dos chicos convencionales.

Y no se engañan porque:

 hoy en día la convención

 es el disfraz más perverso.

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