Choroní me matas de relax

con la palmera arqueada de tu costa.

Pasa la mano el sol y nos dejamos

acariciar por el trópico que es nuestro.

Tuyo, mío y de nosotros

es el salto en el dique,

el beso en el río.

Olor a brasa, guarapo de café y una empanada:

tus cholas son dos joyas.

No necesita de mucho adorno la belleza

cuando se encuentra en el hábitat perfecto.

Mis pensamientos vuelan como un frisbee

mientras surfeas con tu cuerpo

las feroces olas

y la cerveza helada que te espera

tiene gotas seductoras en el torso.

En la noche repica el tambor azabache

y ya estamos allí,

 deseando bailar ese latido.

¡Los dioses nos torturan y nos aman!

La pensión de Trino es el Olimpo.

Espalda quemada y guarapita,

arena en la sabanas,

agua de coco.

Yo cruzo el puentecito hacia

puerto Colombia,

camino descalza y el asfalto quema,

pero luego el mar

me besará el cuerpo

y estarás allí

riéndote de todo.

¡Bella y tremenda como siempre!

No habrá pasado el tiempo,

no habrá pasado nada…

¡pero de repente despierto en estas latitudes!

y siento que me arde la piel de tantas ganas

de agarrar un autobús enloquecido

y largarme a Choroní ahora mismo.

¿Dónde estoy?

¿Cómo será?

¿Será lo mismo?

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