La suerte no es un vale del Mercadona

o un idiota electo por el pueblo.

Es algo más íntimo.

Amor es la costilla

 que no toca el advenedizo.

Le pelo los dientes al legitimador

y decido confiar en la validez de mi existencia.

Las lecciones están vencidas,

los supuestos están abombados:

son perros muertos en la cuneta.

Ya ocurrió el accidente.

El mundo es lo que es.

Saco para fuera el fermento

y escupo en el cáliz

una gota de miel.

Estoy gozándome el  “No future”

porque sé que la avaricia

es la verdadera tragedia.

No me cofunde la propaganda,

ni la caridad.

Todo lo que me gusta

tarde o temprano,

llega y me besa.

Hoy siento que tengo suerte.

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