Mariely es poeta,

me la presentó un enano aventurero

que conocí cuando me quedé varada

en el Aeropuerto de Maiquetía.

Ella viene toda cuerpo, body entero, hasta mí:

“Hola cielo me llamo Mariely,

 me dijo un pajarito que eres poeta…

Yo también soy  poeta.”

Me mira sonriente, es guapa y tiene mirada pícara.

 “Voy a Milán a visitar a un noviecito,

un gusto conocerte mi linda,

¿Quieres que te recite rapidito un poemita

que me sé de memoria?”

Yo respondo: -Me encantaría! Eso si es inesperado!

“Inesperada es mi segundo nombre jajajja”

Se lanza al poema con ganas

como si se lanzará a bailar merengue:

“Te doy mi pin

para que accedas a lo más profundo

 de mi black berry

y sueñes con esa noche

en la que rayaré tu espalda de macho

 con mis uñas acrílicas

decorada y perfumada

DURA  y  BUENA

Soy como la madre patria:

!Te lo doy todo y me odias!

Estoy clara, ¿estás claro?:

Lo que te doy, te lo doy porque quiero.

Sí te cobro no tendrías con que pagarme ni en diez vidas.

Soy la jefa: prendo rancho a donde voy.

 Salgo bella y triunfante,

con las mechas hechas,

maquillada y en tacones…

Soy la poeta cuima

no sé qué escribirás tu

pero seguro que no me superas

jajajajajaja”

– ah, eh, no…no ¿ ya acabaste? No… no te supero para nada.

“¿Te gustó mi poesía?”

-Me encantó…No conozco nada parecido…te felicito.

“Ni lo conocerás mi linda porque: como Mariely no hay dos

-Seguro que no…

 “Bueno mi bella ¿si quieres te doy mi pin?”

-Es que no tengo blackberry…

“Ay no cielo ¡Supérate! Jajajaj !cómprate uno!”

 Le pegan un grito, tiene que embarcar, me pica el ojo y se va.

Son estos encuentros los que hacen que las pelis de Fellini me den sueño.

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