Me pides que me calme

y  no me calmo

no porque no quiera

sino porque no puedo,

ni siquiera el diazepam me calma.

Una vez lo intenté

y no me calmó nada

andaba impaciente

con un costal de piedras

en las mejillas.

Soy intranquila.

Abandono y conquista.

No hay nada en mi pasado

que refleje quietud.

Me pides que me relaje

y  recuerdo

querer flotar en el mar

y hundirme de repente,

tragar agua salada,

 taparme un oído

y sentirme mal

por exigirle a mi cuerpo

una levedad inexistente.

Soy pesada

como la comida

 (carne, arroz, frijol y plátano)

con la que fui alimentada.

Mi ser no está hecho de liviandad.

Me pides que me deje llevar

¿y no te entiendo?

me lleva la vida

no es que me deje

es que no logro

controlarlo todo.

Si pudiera ponerle rejas al destino

lo hubiese hecho.

Mi  futuro no será

labrado a mi antojo,

eso ya lo sé.

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