Soy de una ciudad bella

y peligrosa:

un “paraíso sufriente”,

pobre en la superficie,

rico en las profundidades.

Un lugar donde los criminales

lloran a sus madres

y la comida es hecha en el momento.

Soy de esa esquina donde un niño

me apuntó con una pistola

en el estomago.

Soy de la Selva Tropical

en donde capturaron a un mono capuchino

para regalármelo cuando cumplí 15 años.

Chillando, chillando, chillando.

Sin discursos estéticos.

No soy de París, ni de Londres.

Ni de Nueva York.

Soy de Caracas la bella,

 esa esquina peligrosa.

Sin discursos.

Un paraíso.

Una pistola.

Chillando:

la pintura.

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