Mrs Cornelly había decidido salir

después de 47 días de auto-encierro

a un grupo anti-tabaco

 donde todos se presentaban

con nombre, apellido y adicción

pasándose una naranja de mano en mano.

Mrs Cornelly decía que no quería hablar

pero luego pedía la naranja

y comenzaba una historia sin final

de 120 palabras por minuto:

“Yonopuedodejardefumartambienestoygorda

Mesientofatalmihijanotrabajayquierecomprardetodo…”

Volvíamos a su casa en taxi y se echaba a llorar

diciendo que había hecho el ridículo.

Me pedía que llamara a la tienda ASDA

para resolver el pedido de la compra

pero como yo no hablaba bien inglés

decía cosas sin sentido

y la chica de ASDA me tomaba por loca

y me colgaba el teléfono.

Mrs Cornelly se ponía muy ansiosa

temblaba, ponía los ojos en blanco y decía:

“¡Ohhh  Goood! !This people! Why me?!”

Yo no sabía qué hacer,

me faltaban 5 horas de trabajo

y no entendía nada.

Veía la nieve y los zorros en el jardín.

Me sentía absolutamente perdida.

Entonces  yo le pedía tabaco a Mrs Cornelly,

y fumaba en cadena,

mientras ella me veía calmada y sin fumar.

Mrs Cornelly me servía una taza de té diciendo:

“Es raro… pero cuando vienes tu me siento mucho mejor”

Yo la veía desde la desesperación máxima

y  le daba la medicación

como si me la estuviese dando a mí misma.

Mil veces estuve tentada de robarsela y tomarla.

Un día se lo confesé y se rió durante 15 minutos.

Yo también me reí.

Conectábamos bastante.

Algunos dramas son hasta simpáticos

cuando se pueden compartir.

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