Cuando cae el último árbol de tu barrio

sabes que algo anda mal pero no te das cuenta

solo pasas frente a los contenedores

y ves ramas, todavía vivas, mezcladas con el polvo

y el cemento.

Sigues tu camino porque hay que seguirlo,

no puedes llamar al trabajo y decir:

“Ha muerto el último árbol de mi barrio”

El regente de la fábrica de tornillos

no entiende de ese tema,

pero algunas compañeras me contaron

que sus barrios también están enfermos

de lofts, parquet

y muebles industriales del IKEA,

que han desaparecido los hermosos patrones

en la loza del suelo,

que las puertas nuevas

son de hierro.

El mercadillo de Les Encants cada vez esta más lleno

de historia desechada,

de llaves que no abren ninguna puerta.

Yo voy allí a rescatar lo que me cabe en los bolsillos

y aunque esta historia no es mía

siempre me ha dolido el pasado olvidado.

Cuando cae el último árbol de tu barrio,

sigues tu camino

mezclado con polvo y cemento,

ves ramas,

memoria desechada,

y sabes que algo va mal

aunque no quieres saberlo.

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