Nuestro trabajo en “La Fábrica de Destrucción de la Cultura”

                                             (como yo la llamaba)

consistía en hacer replicas artísticas de 4 pintores conocidos.

Éramos todas mujeres y pintábamos en cadena:

Una pintaba el fondo, otra las líneas, otra los detalles y así…

Yo generalmente me encargaba de las firmas y el barniz.

  Pintamos 1563 replicas en dos meses.

Trabajábamos sin parar y ganábamos buen dinero:

Picasso, Picasso, Picasso, Picasso, Matisse, Mondrian, Mondrian

Picasso, Picasso, Picasso, Picasso, Matisse, Cézanne, Picasso

Picasso, Picasso, Picasso, Picasso, Matisse, Mondrian, Mondrian

Picasso, Picasso, Picasso, Picasso, Matisse, Cézanne, Picasso…

Escuchábamos la radio como todos los trabajadores de las fábricas:

Cadena ser, Radio Olé, Radio Latina y Radio Contrabanda.

A la hora de comer nos íbamos a la playa de Mongat Nord

cada una con su tupperware frente al mar Mediterráneo.

La pasábamos bien.

Luego volvíamos a la fábrica:

Picasso, Picasso, Picasso, Picasso, Matisse, Mondrian, Mondrian

Picasso, Picasso, Picasso, Picasso, Matisse, Cézanne, Picasso

Picasso, Picasso, Picasso, Picasso, Matisse, Mondrian, Mondrian

Picasso, Picasso, Picasso, Picasso, Matisse, Cézanne, Picasso…

Pagaban por volumen de cuadros,

sí pintabas 45 Picassos a la semana

podías hacer 300 euros.

Los Cézanne los pagaban peor,

por eso empecé a aborrecerlos.

Como yo firmaba los cuadros,

a veces entraba en el personaje

 y me vestía de ¨Picassa¨,

con una camiseta a rayas azul y blanca,

y unos bermudas beige por encima del ombligo.

Fue en la época en que tuve 5 amantes

y dos personas, en una misma semana, me dijeron:

“Tienes que aprender a besar”

y yo sentía una envidia post mortem: ¡Odio a Picasso!

y  llegaba a mi casa llorando,

porque llegaba tarde, sola, cansada, confundida,

con hambre y sin ganas de cocinar.

Qué frustración… ¿No?

Se puede ser más de un artista famoso al mismo tiempo

y  seguir fallando en el amor.

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