Había sido Ministro de Interiores,

tenía una fortuna,

un auto magnífico,

una piscina en el centro de la sala,

una colección de prostitutas,

un sótano lleno de ametralladoras AK-47,

una lista negra,

una bodega de whisky ,

un baúl lleno de fraudes,

escribía poesías que olían a flores viejas,

era buen padre y buen amigo

(enseñó a ambos a estafar y a reirse de los sirvientes)

Lo invitaban a todas las fiestas,

lo atendían bien en los restaurantes,

le planchaban bien los cuellos de la camisa

y los pañuelos con que se soplaba los mocos,

le pulían la camioneta,

hasta que un día

vino un malandro de 14 años

y le pegó un tiro en la cara.

Su esposa dijo:

“Ya no se puede vivir en este  país”

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