Últimamente voy bastante a la biblioteca,

tengo mucho tiempo libre

porque llevo un período sin trabajo…

unos cinco años más o menos.

La biblioteca es un templo especial,

una hermandad de lunáticos.

Deduzco que soy uno de ellos

por la mezcla bibliográfica que hago:

100 recetas chinas con pollo, diccionario de símbolos,

no consigo adelgazar (es un libro, no una afirmación)

“El imperio Fallido” de Zubok y “Deseo” de Jelinek.

También leo todos los periódicos locales,

y una fotocopia impresa en hojas A4

del periódico “The Guardian”.

La información es mi mecanismo de defensa,

vivo en un plano de irrealidad

que solo encaja en la biblioteca.

¡Ah!.. ¡Mi biblioteca tiene un área para aparcar el trolley de la compra!

Yo aparco el mío, lleno de periódicos viejos para botar,

se me olvida botarlos y he acumulado unos cuantos,

“no es normal llevar un trolley lleno de periódicos viejos a todos lados…”

Susurra Josep, un amigo que hice en la sección de cocina.

Josep usa gafas ¨culo de botella¨.

A Nuria tampoco le parece normal lo del trolley.

A ella la conocí en la sección de psicología.

Nuria tiene barba,

es una pena porque tiene la cara bien bonita

pero se ve que la barba es agresiva porque es tupida, tupida.

Creo que Josep está enamorado de ella,

le regaló una galleta con forma de corazón

y el centro de mermelada.

Nuria se la comió contenta con la boca abierta,

le quedó mermelada en la barba

y  Josep le ofreció su pañuelo para que se limpiara.

Josep es un romántico a la antigua.

Nuria no tiene modales

porque escapó de casa siendo todavía una niña,

su mamá le partió el cráneo con un sartén.

Su madre es una bestia que le fracturó el tabique a un cura

en un discusión sobre sí la virgen del pueblo debía cambiar de peluca o no.

Pagó seis meses de cárcel y salió en el periódico.

Quizá la virgen la castigó poniéndole barba a Nuria.

A pesar de la genética, Nuria es cordial y profunda.

Los personajes de las bibliotecas

son superiores a los de algunos libros.

Por eso prefiero los libros de cocina.

Aunque a los personajes de Jelinek

no los supera nadie,

nadie que yo conozca,

al menos.

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