“Tienes que juntarte con los coleccionistas,

no pierdas el tiempo hablando con otros artistas,

son tus amigos pero no te llevarán a ningún sitio…”

Me aconseja un poco alterado Vittorio Distronatti,

el próximo artista/curador del Museo de Rotten Hope.

Sé que tengo una fijación con los zapatos de la gente

pero es difícil no hacerle un repaso a los mocasines rosados de Distronatti.

Son bellos, a otra persona ese toque de locura le quedaría genial,

en Distronatti son un accesorio más para adornar

la burlesca estampa de su inmerecida pretensión.

Siempre que lo veo me bombardea con consejos sobre cómo manejar mi vida:

“Tienes que hacer cuatro exposiciones al año, sacar un catalogo,

pintar gran formato, hacerte amiga de los MECENAS,

ir a los cocteles, tienes que ser mas astuta,

más accesible, tienes talento pero demasiado carácter,

tienes que ´suavizarte´… juntarte bien…”

El tiene la falsa convicción que se puede empeñar el carácter para escalar posición

y  luego recuperarlo cuando se haya ganado suficiente dinero.

A Distronatti le hipnotiza la palabra “Mecenas”,

cuando la dice abre los ojos como sí le fuesen a dar un regalo sorpresa.

En una inauguración me presentó a un mecenas que lo miraba con desprecio,

pero allí estaba Distronatti soltando risitas, respondiendo chistes tontos,

derretido ante el benefactor, intentando ser refinado, intentando hacerse valer,

sosteniendo con afectada delicadeza una copa de vino blanco…pobrecito.

Pero ni tan pobrecito porque ahora que construyen el  Rotten Hope,

un museo descomunal en forma de intestino grueso, él será el director

y organizará pulcras e incompresibles exhibiciones

de las cuales él será el único capaz de generar teorías validas.

Interpretaciones veneradas por otros aspirantes

que desde ya hacen fila para exponer en sus entrañas.

En las noches cuando el pobre Distronatti llega a su casa

se ve en el espejo y no sabe a quién ve:

No es Joseph Beuys…

No es Ana Mendieta…

No es Louise Bourgeois…

No es Andy Warhol…

Quién quiera que sea, él mismo no se reconoce,

se siente abatido y no sabe por qué…

Agarra una pequeña escultura de 4.500 $ en forma de revolver

(que es una banana-grifo sin querer serlo )

se apunta a la cabeza

y dispara imaginariamente.

¡Tiembla la nada absoluta en las cortinas de diseño!

Al tiempo que él le grita a su propia imagen:

Bluff!

Ese es su verdadero nombre.

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