La resaca es ingrata,

hasta que te comes un plato de pasta  napolitana,

entonces la resaca se desinflama

y lo puedes sentir en cada bocadito de placer.

Po eso  los borrachos engordan,

bueno,  algunos porque Pancho nunca engordó,

es flaco , largo y lozano como un eterno adolescente

y eso que bebe cerveza por un tubo.

Usa una gabardina violeta de los 80 y unos botines de cuero verde.

Tiene  una guía mental de los mejores turcos take away de Barcelona.

Está obsesionado con la historia de la gastronomía,

los Jolly boys  y  las pelis de John Cassavetes.

Sabe cuál es el mejor Kebab  y como combinar las salsas

de manera de que sean curativas, “Salsiki terapia” lo llama,

“Por qué no?  ¿Si existe la Riso terapia…?” dice seriamente.

Los  turcos lo conocen y lo  reciben felices con el  pitta abierto,

preparados para  hacerle el mejor bocadillo de la metrópoli.

Cuando  Pancho muerde el pan entra en su delirio gastronómico

y  empieza a exponer sus conocimientos:

“ ¡En Oriente Medio, cuatro mil años antes de Cristo

se sembraba el almendro, el granado, el garbanzo y  los dátiles.

Las almendras, los melocotones y las peras

aparecieron después de la dominación romana!

¡Los bizantinos veneraban la escarola,

hacían papillas de legumbres perfumadas

con nardo, canela, vino tinto y miel…!”

Amigos, risas, noche, cerveza, locura.

Después de este recital nos entra hambre a todos,

pedimos  kebabs en cantidad

y alabamos a los turcos por la calidad de su cocina,

que  nos sabe exquisita.

¡Y es que no hay mejor aliño

que la buena compañía!

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