Mientras algunas ciudades se desquebrajan

algunas personas luchan por sostenerlas

con torres de canapés

y palabras necias.

Titi de Vandenbourg es una de ellas.

Consume perfume de la misma manera que consume cocaína

y por el numero de cirugía cosmética que ostenta

se puede concluir:

Desea eliminarse a sí misma.

No la culpo.

De madre Caribeña y padre Austriaco

Titi fue bendecida con un rostro exótico:

una nariz redondita y unos ojos enormes color miel.

Insatisfecha con el resultado racial,

su mamá le colocaba con dulzura

una pinza de tender ropa

en el tabique nasal

“para sacar a la negrita de la casa” – decía graciosamente la madre.

A la pequeña Titi le disgustaba el ritual

pero no tenía suficiente edad para ser crítica

y considerarlo un tipo de tortura.

Con estos antecedentes

se entiende que Titi detestara a los negros

 y los llamara “malditos monos”.

Su deseo inmediato era un vecindario sin los “malditos monos”

donde todas las mujeres de nariz respingada

pudieran encontrarse en las noches

híper perfumadas

para comer canapés, hablar de modales

y sobre todo a ser las hijas modelo

que “mami” deseaba tener:

con el pelo, el cutis, el bolso, los zapatos

 la nariz y el marido

que “mami” aprobaría.

Nadie puede culpar a nadie por querer conquistar

el cariño materno.

(Es algo básico)

Pretenciosos, profundos,

 perversos o superficiales,

todos podríamos estar llevando,

sin darnos cuenta,

ahora mismo,

de una manera u otra:

una pinza en la nariz.

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