Me levanto a desayunar y enciendo la tele:

Los rebeldes disparan sus ametralladoras,

un joven sujeta con una sola mano su gloriosa arma,

dispara una ráfaga y sonríe a la cámara,

es fuerte, delgado y esta eufórico.

La masculinidad y las armas

 forman un matrimonio retrograda.

A los novios los obnubila la fiesta,

no pueden pensar a largo plazo,

detrás de tanta bambalina

se pudre lo importante.

Igual que se pudren los niños

en las calles bombardeadas.

Las camisas Ralph Lauren

están ahora en manos de los rebeldes,

uno lleva puesto el casco del dictador,

es curioso que lo use con la misma arrogancia.

Los trofeos envilecen a los hombres,

lo mismo que la televisión.

El presidente de Francia es la guinda del coctel,

dicen que lleva tacones,

aunque no los lleve,

parece muy complacido consigo mismo.

Yo también me siento bella cuando llevo tacones.

Estoy segura que él y su esposa son dos juguetes inflables.

Todo parece tan ridículo y tan triste al mismo tiempo…

por eso proliferan los cursos de payaso,

hoy en día hay tener un titulo para todo,

¡menos mal que yo ya hice mi curso hace tiempo!

 estoy preparada para reírme

sobre la tumba de quien sea,

incluso en la mía propia.

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