Una vez más,

 una de tantas,

en la unidad de patología mamaria.

Acostada boca arriba,

topless,

el  médico vacía su tubo de gel

en mis pechos:

tres, siete centímetros.

Amor- odio.

No llorar,

no es cáncer.

Dice: “eso es todo”.

El se va,

yo me limpio

me pongo el sujetador,

mi blusa

 y me largo.

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