Ayer  dijiste que era mala,

que no me importa la gente,

que solo pienso en mi y en lo que me resulta cómodo…

y es verdad…

Me volví  mala en el Aeropuerto del Prat,

trabajaba embarcando y desembarcando

pasajeros con movilidad reducida

tenía que ´pescarlos´en  el  Terminal A,

allí comenzó todo…

El uniforme era horrible y de poliéster

fue hace cuatro veranos,

hacía 39 grados

 y me pagaban  mal ,

así que dependía de las propinas

para mis pequeños lujos.

Los árabes sabían darlas

pero las ancianas españolas no,

entonces las ignoraba

y seguía de largo

con mi  silla de ruedas vacía.

Son las pequeñas necesidades

las que tuercen la moral.

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