Mandar a la mierda a la  gente

es algo desagradable en el momento,

pero cuando lo recuerdas

produce  cierta satisfacción

y  resulta hasta gracioso.

Yo cuidaba a un chico,

un enfermo mental

en Escocia,

se llamaba  Lawrence.

A él  le gustaba

ir haciéndole una seña despectiva con los dedos

a todo al que se encontraba por la calle

y simultáneamente susurrar  “f*ck you”

 modulando bien.

Me gustaban sus tirantes

y sus bigotes.

Yo caminaba detrás de él

porque la gente solía  tomárselo muy mal,

incluso cuando era obvio

que estaba loco.

Cuando se aburría

se detenía en medio de la calle

y gritaba

“Johnny Caaaaaash”

por un buen rato.

Me  encantaba cuidar a este chico!

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