He dejado el azúcar y perdido 20 kilos.

Mi piel luce joven y mi pelo brilla.

Me siento de veinte años,

tonificada y hermosa.

He dejado el azúcar

y la gente me llama para invitarme

a cenar o pasear por la ciudad.

Los dientes los tengo más blancos que nunca.

Soy casi perfecta y menos agresiva.

Me siento elegante cuando pido mi café:

“Sin azúcar por favor”.

Me siento más saludable y más madura

que el resto de la gente que está en la cafetería,

devorando pastelitos como si fueran niños.

He dejado el azúcar y me siento superior.

Me siento proactiva.

Me siento inteligente.

Me siento DJ.

Me siento capaz de dejarlo

todo.

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