Romanticismo heavy metal

Romanticismo heavy metal es enamorarse de un loco más loco que tú

y salir a aullar en los campos de alcachofas

y a pescar cangrejos para el festín nocturno,

caipiriña y mojito para el cuerpo,

que baila como un planeta condenado,

sin esperanza de salvarse o ser salvado,

ido totalmente de sí mismo,

besando el cuello perfumado de la ilusión,

inyectándose secretos al oído,

hasta caer desmayado sobre el otro.

Romanticismo heavy metal es perder y sentir que ganas,

es morir y sentir que estas naciendo,

es entregarte totalmente y sentir que te queda mucho más por dar,

y luego las duchas frías, los espejos,

hablando por sí mismos, hablándote,

contando los años, aconsejándote,

cepillándote la fantasía

y tú no, yo no, déjame en paz.

Yo soy romanticismo heavy metal,

harakiri, kamikaze, viento divino

yo voy a dónde me lleve el amor,

yo soy poeta, artista, locura, arrebato y aún más

y la gente cero uno te explica que eso no está bien

que eso no va para ningún lado, que eso no es serio,

que hay un artículo académico que dice que no

y tu deambulando en tu mundo inútil

escribes otra historia, dibujas otros rostros

y te cruzas nuevamente con otros locos

que te arrastran con buena y mala suerte

a ese desastre total que reprueba todos los exámenes,

que no llega a la puta cima del puto éxito.

Y tú ¿para qué quieres una vida tan bonita?

sin romanticismo heavy metal siento que me extingo

pero nada, siento miedo…o ya no lo siento,

lo tengo incorporado,

y me doy cuenta que solo escribo fantasías

que nunca ocurrirán.

naked-poetry

La silla de cemento

Te veo suelta,

desatando con los dientes

el nudo que te intenta atar al centro,

volando por encima de los planes

que hiciste en tu cama

-bellos pero inciertos –

explorando con la cresta de tu lengua

once mil universos,

¡suelta sin remordimientos!

Te veo voladora, bruja y loca,

desarraigada,

sin peso en las alas.

Traviesa,

sin límite en el juego.

Rebelde,

ni alarma en las mañanas.

Terrible,

ni moral en los sueños.

Viajando,

perdida en la aventura,

arriesgada,

entrando en la fauces de los lobos

y las lobas,

hambrienta,

mordiendo esa entraña donde duerme la locura,

Te veo dinamita pura,

estallando de ganas de vivir,

gritando bajo el mar,

escribiendo poemas en cristales con los dedos,

para recitar en bares

abandonados de piedad

y devolverle a la noche

un poco de catarsis,

un poco de ternura.

Veo tu falda azul oscura,

girando, dando vueltas

borracha de tinto de verano

de madrugada en la plaza del sol

un gato gordo estupefacto te veía,

y te reías, te reías…

demasiado feliz, demasiado guapa

San Juan se hacía menos insoportable,

y yo sentada en la silla de cemento

-pensaba y creo que hoy lo acepto-

que hay gente como yo, que es piedra

y gente como tú, que es viento.

La batidora

Viernes 3 am del 2004,
no escucho Charly,
estoy en otra cosa.
En un bar llamado Copas
una mujer viene hacia mi
en un temblor frenético
bailando La Batidora,
agitando cuello, pelo y caderas,
en ese orden,
se acerca mientras baila,
hasta que su sacudida prácticamente me arropa,
me pongo nerviosa y creo que conversar es la solución:
¡HOLA SOY BLANCA!
(me siento como el monstruo Miltón)                                                                                                        la música silencia mi escueta presentación,
a ella no le interesa mi nombre.
¿Acaso tenemos nombre cuando bailamos?
siento su aura sexual y enardecida,
rompe la barrera del sonido y me atraviesa,
pero no puedo bailar ¡estoy tiesa!
“Dale no seas tímida rompe abusadora”
La envidio al cien por cien,
he sido educada en las pretensiones del recato
y aunque intento rebelarme,
sé que la clase media ha dejado su huella
de moral intermedia y reprimida.
Tanto querer ser algo o no querer ser algo
para finalmente, ser a medias.
Intento menearme al ritmo de la música,
quiero con toda mi alma perrear
pero es patético,
¡madre mía qué frustración!
me rio de mí tragedia y ella se ríe conmigo.
¡qué linda es la risa que siempre sabe bailar!
brinca, agita los hombros, gira, se agacha, sube:
¡ohhh! ¡éxtasis en el seísmo dionisiaco!
luego pasa un trencito y se la lleva
es una marcha de sudor y alegría
y allí me quedo yo en el anden,
ni reina de la noche,
ni sacúsa,
esclava de mí misma,
atrapando esa imagen
para conservarla eternamente,
en mi mundo fantástico.

Dejarme, querer.

Se suponía que el mundo simbólico era lo más importante,
“…el hombre consciente elabora su mundo simbólico…”
y el mundo simbólico se lo traga:

poder- belleza- autoridad- dinero -justicia.

Me gustaría chillar como un mono en la noche
y entre arboles de mango no pensar en el futuro
y que el futuro fuese una selva en la que entro hambrienta:

fruta- hambre- cuerpo- lluvia- irracional.

Me dijeron que la educación era lo más importante
pero nadie me dijo que se podía educar para destruir
o incluso para construir, que es destruir también:

casas- autopistas- fabricas-discursos- bombas.

Quiero abrazarte largo pero ahora no se puede,
quizá mañana tampoco se pueda,
en realidad no sé si será posible:

vacante- conformidad – secreto – cuello – sueño.

Voy a caminar a la playa,
porque la playa siempre me hace sentir mejor,
porque la playa no dice nada,
porque la playa no tiene alegato:

original – brisa- silencio -pertenencia- cero.

Deseo no querer nada y dejarme llevar.
Nada querer desear.
Dejarme querer.
Deseo dejarme llevar.

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18 carnavales

Han pasado 18 carnavales
desde aquel carnaval espantoso
en el que yendo a un banco en el centro de Caracas
un grupo de chicos del liceo Fermín Toro
me golpearon y me bañaron de huevo.
respondí y fue peor,
me dieron unas buenas patadas
entre risas y chistes que no pude entender.
Me rescató una mujer embarazada
y un taxista no me cobró el viaje con el que escapé de la escena.
Bien golpeada, llegué bañada en huevo y orina a casa de mi abuela,
que cuando me vio pegó un gritico de horror y me dio un lexótanil.
Vi dónde guardó la caja y me la robé.
Pasé resto del carnaval drogada, durmiendo,
escuchando Sumo,
tirada en la cama con mi novia.
Me encantaba la canción que decía heroína,
(aunque jamás me hubiese inyectado heroína)
La gente seria solo toma cosas con récipe.
De vez en cuando miraba el techo
y soñaba con comprar una granada,
porque durante un tiempo
mi sueño fue lanzarle una granada
al patio del liceo Fermín Toro.
Menos mal que no lo hice.

Recopilación de dispersiones

• Lo verdadero es indecible. En cuanto empezamos a articular, empieza el teatro.
• Nadie puede ser profundo, vivir es un acto superficial.
• La existencia del prólogo es la evidencia de esa angustia que tenemos por querer entender antes que percibir.
• Cuando me preguntas de qué trabajo y digo: “soy pintora” no me preguntes: ¿y de qué vives? Que cuando tú me dices que eres “abogado” yo no te pregunto: ¿y cómo duermes?
• Todos somos toxicómanos en términos visuales.
• El género es una fantasía que se puede hacer realidad.
• La patria es una superstición.
• La inteligencia no es siempre una virtud.
• Las fronteras son la expresión más siniestra de la existencia de un ego colectivo.
• Nadie puede ser profundo, vivir es un acto superficial.
• El insomnio es el peor castigo de los dioses.
• Los carruseles son un regalo del sueño a la realidad.
• Tener un acuario es una forma sana de dominar un mundo.
• Mi amiga Lourdes tiene un acuario con tres pirañas: Las hembras se llaman “Euforia” y “No me controles”. El macho se llama “Stolichnaya”.
• Algunos tenemos suerte de no ser nuestros propios médicos.
• Ser egocéntrico no es pecado. Dios es egocéntrico.
• El derecho es un orden normativo que pretende ser lógico pero está basado en el absurdo.
• ¿Debe uno sumarse a una lucha, a todas las luchas o a ninguna? Es una pregunta esencialmente matemática.
• Frente a un acontecimiento como la muerte, todo es ridículo. Es mejor quedarse callado en los entierros.
• Todos los dentistas sueñan con ser millonarios.
• La Guía Michelin ha contribuido a destruir el paladar de muchos burgueses.
• La multitud es materia catastrófica.
• Todos somos bisexuales, unos reprimidos y otros no.
• La playa cura casi todo.
• El velo de la apariencia y la verdad tienen el mismo peso sobre los acontecimientos.
• Lo que hace antipáticos a algunos intelectuales es que se ocupan más en parecer intelectuales que del tema que les ocupa el intelecto.
• La muerte y el nacimiento son el mismo momento.
• Mi mamá me dejaba bañar entre pirañas en el Rio Orinoco. Íbamos varias familias en una plataforma flotante llamada “La morrocoya”. Nunca pensamos en la muerte y la pasábamos bien.
• Admirar a alguien es la forma más leve de canibalismo.
• La admiración y la decepción son hermanas siamesas, siempre que aparece la primera no tarda en aparecer la segunda.
• Teme al que dice admirarte, cuando te lo deja saber está intentando controlar tus futuras acciones y tu derecho a equivocarte.
• Trascender y no trascender es lo mismo.
• Las listas de espera en los restaurantes deberían estar prohibidas por ley.
• Un poeta del Raval espera que sus amigos le inviten unas copas antes de suicidarse. Nadie le invita a beber, entonces no está lo suficiente borracho para suicidarse. La falta de generosidad lo salva y lo mata al mismo tiempo.
• Misterio: Elemento del cual no se pueden extraer conclusiones.
• Confusión: Desconexión parcial entre signo y significado.
• Dinero: Sirve para intercambiar bienes, servicios y sentimientos.
• Teléfono: Droga con componentes electrónicos y digitales, mundialmente legalizada.
• Poesía: Cualidad cósmica que deja de manifiesto que existe algo más allá de la materia.
• Samuel Beckett fue un profeta irlandés que predijo el absurdo drama de la nada.
• La democracia es una historia de ciencia ficción que las masas dieron por cierta.
• La vida es la punta del iceberg.

Lo que me queda

Cara a cara con mis fantasmas
recito, pinto, dibujo.
El resto se tambalea
como cuando me emborracho en las
ceremonias.
No creo en tus ceremonias.
Ni en las mías.
Solo creo en la catarsis.
Solo después de la catarsis siento
una gota de justicia.

Para compensar

Para compensar las horas que pasé echada de lado

sin hacer nada por falta de estímulo.

Para compensar que ayer fui a una playa paradisiaca

 y había un tampax flotando junto al cadáver de una rata.

Para compensar que tu madre es una facha

 pero no se lo puedo decir porque te quiero.

Para compensar que se murió la albahaca que trasplanté hace dos días

y eso que me gasté una pasta en abono.

Para compensar  que anoche  se me olvidó el poema en pleno recital

y no vino la chica que me gustaba (menos mal)

Para compensar que nunca tendré nada con ella

porque ya estoy metida en otra historia.

Para compensar que mi huésped del verano rompió mi jarrón especial

 y tuve que ser educada, no echárselo en cara y decir “no pasa nada”.

Para compensar ese estudiante tonto que mientras yo daba clases miraba su teléfono

y después me preguntaba algo que yo ya había explicado.

Para compensar que todavía no me han pagado los 50 euros de esa clase.

Para compensar que de repente me han salido un millón de canas.

Para compensar lo que no es tan importante pero me jode,

para compensar  todo eso:

Voy a encerrarme en el baño y sin que nadie lo sepa

me desgarraré la blusa hasta que quede hecha hilachas.

Sí, como una loca.

Banana Split

La hermana de Corina es muy inteligente,
el problema es que cuando quiere dar una opinión
que a ella le parece importante
le da por hablar como el papa Francisco,
dejando un intervalo de un minuto entre cada palabra
y yo, que soy distraída, me pongo a cavilar sobre otras cosas
y sin darme cuenta se me va la mirada a otro mundo.
Un día ella me lo reclamó con un tono grave:

“ ¿Blanca…

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…pareces…

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…aburrida…

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…de…

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…mi….

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…conversación? ”

sentí mucha vergüenza y de allí en adelante la miré fijamente
mientras en realidad pensaba:
“¡Madre mía! ¡Qué lento habla esta mujer!
…Qué rico es el banana Split….
…¿por qué nunca me lo hago en casa?,
la crema engorda burda…”
Me tragué mis pensamientos y no dije nada.
Ella estudiaba sociología y me gustaba un poquito
pero entre palabra y palabra se disolvió nuestro vinculo
como una pastilla para la resaca,
en un vaso de agua se ahogó nuestra recién nacida amistad
y nunca más hablamos.
Primero me sentí mal y después bien.
No dijimos nada al respecto.
Quizá fue lo mejor.
Las cosas importantes deben decirse con naturalidad o no decirse.
Cuando alguien es muy consciente de su propia importancia
se vuelve insoportable.